viernes, 17 de octubre de 2008

LOS TRIUNFOS MORALES, O CASI TRIUNFOS

Jeremías 1:19 Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.

Resulta fuera de toda lógica perder pero hablar positivamente de ello en cuanto a buscar pasajes de aquella justa deportiva en que algunas cosas se hicieron bien, pero el resultado general y las circunstancias no acompañaron para un verdadero triunfo.

Que la suerte, que el árbitro, que la lesión, que la disposición táctica, que la expulsión injusta, que si no hubiesen cobrado ese penal, o ese tiro libre, que si el guardalíneas hubiera levantado la bandera, y de cuantas excusas se pueden tomar los protagonistas de una derrota.

Lo cierto es que esas cosas ni ellos mismos se las creen, y el público que las escucha, solamente tiende a resignarse a la mediocridad demostrada por quienes no fueron capaces de hacer algo más contundente.

Específicamente en el fútbol, estas cosas pasan por eficiencia y profesionalismo. De entrega a las indicaciones del entrenador y del preparador físico.

En cuanto a los logros y metas en la parte laboral, son cosas inexcusables de plano, pero también se recurre a los mismos subterfugios: Tenía demasiado trabajo, no me apoyaron, y cosas parecidas; Si retrocedemos al tiempo de la escuela: La profe “me tiene mala”, el profe “no sabe” explicar la materia, me echaron la culpa, blá, blá, blá…

La verdad es que podríamos hacer una enciclopedia de excusas basadas en situaciones, consideraciones, o estimaciones relativas a las circunstancias que nos llevaron a perder una oportunidad de logro o victoria en esta o aquella ocasión.

¿ESTAMOS EXENTOS DE ELLO LOS CRISTIANOS…?

Desde el origen de la raza humana que se ven estas cosas y, por lo tanto, afectan a toda la humanidad por igual.
Eva dijo: La serpiente me engañó, y yo comí…
Adán dijo algo más grave aún: La mujer que (Tú) me diste…

Las excusas para disimular una derrota son algo mucho más común de lo que queremos ver. Sin embargo, la cita de Jeremía 1 : 13 que antecede nos dice que podemos tener la confianza a toda prueba de obtener la victoria, …¿porqué…?
PORQUE YO ESTOY CONTIGO, DICE JEHOVÁ, PARA LIBRARTE.


¿QUIERE EL SEÑOR QUE LOGREMOS LA VICTORIA…Y CÓMO…)

Un hecho gráfico es la batalla del valle de Beraca (Bendición), lograda por el Rey Josafat contra la confederación de amonitas, moabitas e idumeos que le presentaron batalla. (2 Crónicas 20)

• Primero, en los versículos 14, 15 hay algo notable: Josafat (y el pueblo tras de sí), eran dirigidos por el Espíritu de Dios.
• Segundo, ellos optaron por creer a Dios, y no amedrentarse por el tremendo ejército que veían delante de ellos, versículos 20, 21, y comenzaron a alabar a Dios aún sin ver la victoria consumada. Esto se llama CONFIANZA EN LA PALABRA DE DIOS.
• El resultado: una victoria completa y contundente…, absoluta.

El principio para obtener la victoria en todos los aspectos de la vida se resume en las palabras del rey Josafat, en el versículo 20, quien dice:” Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados ”.

Esto significa que ningún cristiano pelea con sus propias fuerzas, sino que descansa en la fortaleza del Señor Jesús. Él, y sólo Él sabe diseñar la estrategia ganadora para nosotros, y nos la comunica a través de su Santo Espíritu, Aquel con el cual debemos tener una perfecta comunión para poder estar atentos a su voz, pues, de no hacerlo así corremos el riesgo de estar luchando desorientados, y eso, por muy valientes, capaces, preparados y llenos de fé que nos creamos estar nos puede llevar a una humillante derrota por no estar atentos a la voz del Maestro.

La estrategia del enemigo, por otra parte, como a los deportistas desordenados y poco profesionales que andan en discotecas y farándula nocturna, es distraernos de la voz del Señor y hacernos creer que si somos de Cristo, siempre andaremos en victoria por medio de la fé. Sin embargo, la Palabra de Dios nos amonesta, diciendo: ” Santiago 2:19, 20: Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fé sin obras es muerta? “

Por tanto, si hay algo que arreglar con Dios, no esperes como Acán obtener victoria sin obras de arrepentimiento, que llevó a la confusión a todo un pueblo de Dios, haciendo que el enemigo pudiera tener algo con qué derrotarte.

Todo el pueblo estuvo atento a la voz de Dios, no así Acán, ¿porqué…?, pues sencillamente porque andaba “en otra”, escuchando a sus propios deseos de riqueza y prosperidad; En cambio, Josafat y su pueblo oyeron a Dios y Él no solo les dio la victoria apabullante sobre el enemigo, sino también les llenó de riquezas.
2Cr 20:24 , 25 : Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud; y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado.
Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho.

El Señor también quiere llenarte de dones, de bendiciones que el mundo no conoce, quiere prosperar tu alma.
Tras cada batalla espiritual yacen las riquezas para ti, sobreabundantes. Si tú crees a Dios, cual Josafat, y en ese creer te entregas a hacer Su voluntad en una fé práctica, honrando con ello Su Palabra, no mirando las circunstancias ni las trompetas y escaramuzas del enemigo para amedrentarte, porque para él es importante que no creas, para hacer quedar a Dios como mentiroso a los ojos de la gente con tu incredulidad, como hizo en Edén con su tendenciosa frasecita: “¿Conque Dios os ha dicho…?”

El temor de Jehová no es andar temeroso por la vida, sino que es agradarle, honrarle, creyendo a su Palabra, oyendo la voz de su Espíritu Santo en tu corazón, lo cual conlleva para ti lo que dijo el Señor por medio del proverbista:
Proverbios 22:4 Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.

Este astronómico sueldo ya se lo quisiera el mejor deportista de élite, solamente por obedecer y creerle a su entrenador y estratega.

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