domingo, 19 de octubre de 2008

SERIE: EL SANTO EVANGELIO SEGÚN LOS SANTOS EVANGÉLICOS. Ministerios Renacer Las pruebas y las consecuencias.

Pro 28:13, 14: El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios;
Mas el que endurece su corazón caerá en el mal.

El mundo tiene una expresión folklórica de la cual no sé su origen que dice algo de “buscarle la quinta pata al gato”. Esto, creo que se refiere a buscar algo donde no existe. Algo parecido sucede con muchas de las nombradas “pruebas” a las que se aferran muchos cristianos para disimular simplemente las consecuencias que vienen sobre sus vidas después de haber fallado a Dios, ya sea pública o secretamente. Nunca alguien ha dicho “hermanos, necesito su oración para pasar esta copa amarga, consecuencia de mis faltas ante Dios…”

Al contrario, se ha hecho famosa la frasecita “estoy pasando una prueba”. Tal vez el 90% de las veces, dicha prueba ni siquiera exista, sino solo sea una frase para justificar la tribulación momentánea fruto de mis malos actos, o simplemente sea disciplina, la cual, dice el Señor: “no debemos tener en poco”.

Siempre he admirado la acitud del rey David, quien, no estimando su dignidad de rey del pueblo de Israel, ni considerar que se encontraba ante sus ministros de Estado, Generales, principales del pueblo y tal vez más de algún representante o Ministro de otra nación cuando acudió Natán a enrostrarle de parte de Jehová el Señor su pecado, el rey no miró alrededor, sino que se miró a sí mismo y dijo:”¡¡ Pequé contra Jehová…!!”. 2 Samuel 12 : 1- 13.

¡ Cuánta causa de dolor trajo este pecado a David…!

Sus concubinas violadas por su propio hijo, su hija Tamar violada por otro de ellos, tres hijos muertos en venganzas y sediciones, multitud de pueblo muerto en batallas fratricidas, la traición de un sabio consejero, de un sacerdote de confianza, de su general en jefe…
En todos estos casos David nunca atribuyó a Dios ningún despropósito, alegando que sufría alguna prueba, pues él sabía de su condición ante Dios. (Salmo 51)

Hoy en día escuchamos continuamente la letanía de los hermanos pidiendo la oración por las pruebas que los persiguen constantemente, estas pruebas al parecer han iniciado una encarnizada lucha contra algunos hermanos y hermanas en especial, quienes, cuando piden la oportunidad pareciera que ya sabemos lo que van a decir: “…estoy pasando una prueba…”
Como que les gusta el sentirse victimizados, tanto que a veces dan ganas de prenderles una velita (es sólo una expresión irónica…), pues pareciera que su devoción es tal que necesitan el apoyo de todo cristiano existente.

Pero, en realidad, ¿no nos estaremos engañando a nosotros mismos…?

La cita bíblica del comienzo dice “El que encubre sus pecados no prosperará…”.

Hace unos días conversé con un joven talentoso, profesional, el que, sin embargo vive angustiado porque tuvo un acto de fornicación con una mujer con pareja y familia, él vive un tremendo conflicto y en sus palabras, llega a casi confrontar a Dios en el porqué es tan esctricto el Evangelio, resulta que está comprometido con una hermana de otro país, y aún no le ha dicho, ni le piensa decir de su desliz, menos aún piensa confesarlo en su congregación a sus líderes, puesto que no quiere perder los privilegios que le han costado años de esfuerzo, tales como discipular, tocar en el coro, y otras cosas. A causa de ello, vive continuamente angustiado, no puede terminar su Tesis en la Universidad, se siente culpable, pero no quiere perder sus puestos en la congregación.

Cualquier corazón “humanitario” (o humanista), le ayudaría a orar para salir de “la prueba”, pero tuve que ser un poco duro con él. Confrontarlo con la Palabra de Dios, en un diálogo que espero lleve sanidad a su alma fue lo que realicé. No es hermano de mi congregación, pero es mi hermano en Cristo. Caído, pero…¿ Quién no ha caído siendo un joven…? Algunos lo han hecho estrepitosamente, como este joven, otros de maneras más sutiles, pero el pecado es pecado en cualquiera de sus formas. El asunto es no quedar postrado, pidiendo pastillitas para los dolores.

Pero también el meollo del asunto es asumir la responsabilidad personal por nuestros actos, primeramente ante Dios, e inclinarse ante Su Presencia en una actitud de reconocimiento y contricción, como David lo expresa tan claro en el Salmo 51, para obtener de Dios perdón y restauración.
A lo mejor no me mirarán de la misma manera, si llegan a saber que he errado, pero mi alma estará sanada por el Señor.

En segundo lugar, la congregación que tarde o temprano sabrá de nuestro disparate, merece el respeto de saber porqué está orando:
por la restauración de alguien arrepentido de sus actos, o por un impenitente que lo único que le preocupa es guardar las apariencias para tratar de hacer ver que es muy “espiritual”, cubriéndose de “pruebas” como de un manto religioso de falsa santidad.

El mundo corre tras las apariencias, que el vestido, la ropa de marca, el autito, el departamento que es mejor visto que la casita, el mejor ternito, de esto, lo otro y aquello…

Sin embargo, muchos cristianos también…, aunque han sido llamados a ser distintos, corren con el mundo, si el vecino se compró un equipo, yo tendré uno mejor, y así se embarcan en una carrera distinta por caminos bifurcados hacia un destino que no es el Reino de los Cielos. No importará el precio.

Esto traspasa los linderos de la honestidad para con Dios, y no queremos perder privilegios, no queremos pagar precios, solo queremos ser bien vistos.

Para algunos el ser un Predicador es un Título nobiliario que se les ha subido al corazón y no lo perderán por ningún motivo. Menos reconocerán sus errores para no perder “el respeto” de sus pares…¿ o impares…?.

Dios permita que mi corazón no se engrose, que siempre sea para mí un ejemplo la humildad de un rey David “conforme al corazón de Dios”, la intercesión de un Daniel que, siendo un hombre justo, confiesa los pecados de todo un pueblo, humillado hasta el polvo.

¡¡ Qué más puedo decir…!!, de mi Señor Jesús, dueño de toda dignidad, tomó el lugar de un indigno y malvado pecador como yo y, aunque era, es y será Dios por siempre, sufrió mi pena, mi humillación, mi dolor, mi tristeza eterna, mi vituperio, todo aquello que yo merecía justamente para atraerme a su Amado corazón lleno de ternura y bondad inmensurable.

¿Qué hubiera sido de mí, pobre y triste criatura perdida por siempre si Él no hubiese descendido a buscarme …? Yo lo sé…, en lugar de estas palabras asombradas de gozo y gratitud, solamente se oiría un eterno lamentar por los siglos de los siglos.

Estamos viviendo tiempos de impiedad, de apariencias de piedad. Pero no olvidemos que Dios conoce los corazones.

¿ Cuántas pruebas he sufrido en mi vida, te preguntarás…?
, pocas, poquísimas. Todo el resto de angustia y tristezas lo ha causado mi corazón engañoso el cual trato de poner constantemente a los pies de Cristo en sinceridad, no amando un puesto para servirme de él, sino para servir a Cristo, en una lucha constante con mi egoísmo, con mi humanidad la cual está destinada a morir, para nacer en Cristo cada día.

Elidio

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