viernes, 17 de julio de 2009

Diferencias entre la Ley y la gracia



SERIE LOS ATAJOS HACIA EL CIELO

Tema: ¿ En qué creo yo realmente…?

Si es que se pudiera hablar de “orgullo”, sin caer en el mismo (lo cual es medio difícil, sino imposible), pues es una manifestación de la carne, podría decirse que los protestantes y evangélicos se “enorgullecen”, por así decirlo, de profesar su fé en Jesús de manera fiel y piadosa.

Sin embargo, una de las cosas en las cuales miró Lutero fué la Palabra de Dios para usarla como base testimonial de nuestra fé. La misma Biblia señala: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento… Oseas 4:6a.”

En el Antiguo Testamento vemos que varios reyes se esforzaron, y muchos sacerdotes con ellos, de hacer extensivo el conocimiento de la Ley a través de su lectura y exhortación, “Y leían en el libro de la Ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. Nehemías 8:8”, para prevenir al pueblo de pecar contra Dios y, a la vez, para que tuviesen clara su creencia religiosa y así diferenciarse de las naciones de alrededor, y así no enemistarse con Dios por falta de conocimiento de Él..

Hoy en día, en cambio, mucho pueblo cristiano está transversalmente influído de un pragmatismo religioso, o sea, una rara mezcla de creencias de todo tipo y credo, a las cuales se aferran, las que, en su gran mayoría, distan mucho de ser apoyadas por la Palabra de Dios.

Algunas “joyitas” para muestra:

“…dice el Señor, ayúdate, que yo te ayudaré”; la cual es una afirmación inexistente en la Biblia y, además, de tendencia cristiano-humanista, si es que pudiera afirmarse una filosofía de este tipo, pues sabemos que el humanismo y el cristianismo se oponen entre sí absoluta y totalmente. No se puede ser cristiano y humanista a la vez. Pareciera extraño, pero es una afirmación que he oído de labios de muchos predicadores de la Palabra de Dios.

“…la muerte es solo un sueño profundo…”, ¿de qué estamos hablando…?. Otra frase para el bronce de enseñadores de la Palabra de Dios. Como si la parábola del rico y Lázaro no estuviera testificando ante nuestras narices que la vida más allá de la muerte es tan real como en ésta.

El reprender “espíritus” de resfríos, o de sueño (producto del cansancio natural), o manifestar que los niños que lloran en la Iglesia están poco menos que poseídos por demonios,

O, que el adulterio es otro “espíritu”. O sea, si caigo en adulterio no tengo responsabilidad alguna por ello, debo echarle la culpa a un “espíritu” atormentador…, ¡Pobre de mí…!

Es que resulta que “el pueblo del Libro”, ya no es tal.

Hoy en día la Palabra de Dios solamente se lee en la congregación cuando se vá a exhortar una porción bíblica como predicación. O bien como una Palabra de “orientación”, abriendo de sopetón la Biblia y poniendo dos dedos separados sobre el texto frente a nosotros, entre cuyo espacio leeré “lo que me tiene Dios para hoy”. Más cómodo resulta comprarse un “pancito de vida”, así les convidamos a los visitantes no solamente una porción bíblica, sino la misma costumbre, una especie de “mejoral”. Curioso parecido con la lectura del horóscopo por parte de sus seguidores, ¿no le parece…?


Dejo en claro que no quiero decir que un "Pan de vida" es inútil, sino la costumbre de acudir a éste en lugar de la Palabra de Dios. Ni que escoger un texto bíblico por fé sea malo, pues en fé lo podemos hacer..., pero no a cada rato como una rutina.

Es que lo que está en boga hoy en día es “oír”. Bien lo dijo el Señor en Su Palabra: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias. 2 Timoteo 4:3”

Hacia el año 1985, estando recién comenzado mi caminar en el evangelio en el local de Taltal de la Iglesia de Dios Pentecostal de Chañaral, escuché el siguiente testimonio de un hermano más anciano:

“Llegó esa mañana el pastor a orar y, sin querer oyó a un hermanito pedir a Dios de una manera muy curiosa y preocupante para él.
- …Y, Señor…,- decía a viva voz el hermanito ante el altar de rodillas, - te ruego que le des una gran porción de concupiscencia a mi pastor…
El pastor aquel, espantado, espera al final de la oración para conversar con el hermanito…
- Hermano,- le manifiesta el adolorido pastor, - ¿acaso le he ofendido en algo para que usted me aborrezca de esa manera…?
- ¿De qué está hablando, mi amado pastor, - le responde acongojado y sorprendido el hermanito, - cómo puede pensar usted eso de mí…?
- Es que usted está pidiendo a Dios que me dé concupiscencia, pues mi hermano, ¿o acaso no sabe lo que significa lo que está pidiendo?.- le señala el pastor aquel.
- Bueno, es que escuché el otro día al hermano tal nombrar esta palabra y como la encontré tan bonita, no creí que fuera algo malo, mi pastor…-

Bueno, después de recibir la corrección acerca de la palabrita en cuestión, el hermanito quedó claro con su significado desde ese día en adelante.”

El afán por solamente “oír” de hoy en día, en desmedro de la lectura y estudio de la Palabra de Dios. Y esto no solo se aplica a escuchar y prestar atención a tonteras (se está notando demasiado la influencia totalmente negativa de la televisión en muchas vidas), sino también a la música “pseudocristiana”, que nos venden envasadas como rap, reggaetón, rock, cumbias, y de un cuanto hay con apellido de “cristiano”, cuyo contenido textual y cantado no dice nada de nada que edifique, sino solo emocionalismo vacío y barato, y a veces de frentón ni eso sino solo vanidades, que apela al llanto sentimental, o a escuchar historias burdas, pero no a un espíritu de contricción, de arrepentimiento, de meditación o edificación, y menos de devoción a Dios.

También se aplica esto a prestar atención a las fábulas de “contadores de sueños”, que deambulan por las Iglesias con guiones dignos de los directores de cine de Holliwood, que, al solo oído de la palabra “oración” se sienten ofendidos.

Está en boga, asimismo, el escuchar a grandes prohombres con lisonjeros títulos de “apóstoles”, evangelistas internacionales, y cuantos nombres a los que se aferran como a títulos de nobleza.

O el leer a “grandes pensadores” cristianos que, gracias a la imprenta (¡Oh. Guttemberg!), han desarrollado libros con títulos “tan cristianos y/o bíblicos”, pero cuyos contenidos son meramente fábulas con ideas sectarias, humanistas, nuevaeristas, esotéricas y ecuménicas disfrazadas sutilmente de “cristianos”. Por supuesto con cero respaldo de Dios, sino solo son manipulaciones humanas, llenas de conocimiento, ideas, y pensamiento particular de quien se le ocurrió escribir el librito aquel.

Fruto de ello, hoy en día tenemos a muchos “cristianos” que siguen a hombres, influenciados de filosofías humanas y vanidades, y que desconocen por completo a Dios, su Obra y su Palabra. Menos aún conocerán a Jesucristo, pues para ellos no será más que una vana referencia de labios para afuera.


¿ Qué podemos esperar de ellos…?

¿ Nos quedaremos tranquilos mientras estos “iluminados” se toman nuestros púlpitos para predicar sus vanidades…?

Diferencias entre la letra y el espíritu.

Refiriéndose al conocimiento de la Palabra de Dios, Jesús dijo: “El espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Juan 6:63”

Por tanto, tomemos en serio la lectura bíblica, hermanos. La Biblia no muerde. Ello, acompañado de sincera contricción y humillación a Dios para no envanecerse. Porque debe considerar también que sin conocimiento de Dios, usted errará, pues solo Su Palabra es espíritu y vida.

En conclusión, no tema a escudriñar la Palabra de Dios, es un mandato del Señor: “Escudriñad las Escrituras; Porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Juan 5:39”


Ellas “mandan” escudriñar, pues no es un ruego, sino un mandato, no es una opción, sino una orden: “Escudriñad”.

Algunos pregonan por allí que la mucha letra mata…, en referencia a: “El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 2 Corintios 3:6”.

Si bien el contexto del citado versículo bíblico hace referencia a la letra en el sentido de “un conocimiento solo mental y ceremonial” (como solían hacerlo los escribas y los fariseos), pero no práctico o devocional, haciendo una clara diferencia entre ello y “el espíritu” al cual hace referencia clarísima en: “El espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Juan 6:63”

Debemos tener claro que la verdadera espiritualidad no se vive de forma casi esotérica, basada en visiones, sueños y éxtasis, como lo hace el ecumenismo actual, sino que en tener vida por y en la Palabra de Dios, lo que nos llevará a la oración contestada por Dios, al bautismo en el Espíritu Santo, a la santidad, a la comunión con Cristo.

Entretanto, lo que hoy se vé es que:

- muchos ya no creen, sino solamente “sienten”…
- otros, ya no leen, sino “escuchan”…
- gran número ya no oran, repiten fórmulas memorizadas, letanías tipo rezos hindúes…
- hay varios que creen hasta en ovnis, pues sueñan harto producto de comer mucho antes de dormir (así solo se convertirán ellos en “OGNIs”, es decir, “objeto gordo no identificado).

¿En qué creo yo, realmente…?

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