viernes, 17 de julio de 2009

El síndrome del yo-yo





SERIE LOS ATAJOS HACIA EL CIELO


Tema: El síndrome del yo-yo


“…¿ No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Daniel 4:30”


La actitud competitiva del postmodernismo ensalza las individualidades y capacidades humanas a nivel de símbolos e íconos del humanismo que está arraigado en el pensamiento postmoderno por medio de la filosofía humanista contemporánea.


Sabemos que el humanismo es una filosofía de pensamiento y conducta que ensalza al hombre por el hombre, y no toma en consideración a Dios ni su Obra.


Es así como se han levantado en el mundo hombres arrogantes, orgullosos de sus capacidades, educación, posición social, y del “poder” que éstas confieren en la sociedad. Al hablar de sí mismos, se cuidan siempre de autodestacar su presencia y habilidades por sobre los demás, con el propósito de ser reconocidos públicamente y, de ser posible, ser el centro de atención en toda ocasión.


Pareciera ser, a primera vista, que esta es una muestra más de las costumbres del mundo, pero lamentablemente no es así. En muchas ocasiones este tipo de actitudes se manifiesta en los cristianos que dicen llamarse hijos de Dios, pero que, al final de cuentas, no son más que exquisitos hijos del mundo y, tal como lo señalan las Sagradas Escrituras:“ No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2:15-17”


En ocasiones, estos cristianos han comenzado con una humildad sincera pero, al transcurrir el tiempo, se ha ido arraigando en sus corazones la sobrevaloración de sus propias capacidades, de sus hechos, de sus acciones y cargos, generando en sus corazones una mutación desde el ámbito espiritual hacia lo netamente terrenal y egocéntrico. Es entonces cuando el mundo y las cosas que están en el mundo forman parte de su vida, y no Cristo. Nada funciona sin ellos. Nadie sabe como ellos. No hay nadie tan especial y preparado como ellos.


El amor filial ya no funciona como tal, y actúan paternalmente sobre los demás, aún con otros cristianos más ancianos que ellos mismos. Aparentan ser una especie de patriarcas o jueces que evalúan a los demás, considerándose de este modo superiores a otros en su propia opinión.
Cuando se habla de logros y otras cosas, son ellos quienes dieron la idea, son ellos quienes le dijeron a tercera persona cómo hacerlo, son ellos quienes lo hicieron más perfecto, son ellos quienes tienen el testimonio de haber sido “el más malo” antes de conocer a Cristo, o se ufanan de que su testimonio es el más genuino y espiritual (¿ habrán conocido al Señor alguna vez…?), cuando se habla de conocimientos, ellos son los que saben más, cuando de sabiduría, ellos son los más capacitados. Yo primero, yo segundo, yo tercero…,en fin, ¡Uuuufff…!, hay una larga de lista de los “yo…, yo…, yo…, yo…”


Me pregunto, ¿ habrán varias “yoyas” también…?


Alguien dirá, pero yo no hablo de mí mismo de esa manera, a lo cual diremos que para ser cristiano no solamente hay que aparentarlo, sino que hay que serlo con nuestras actitudes y forma de ser. A veces nuestra conducta habla más que nuestra boca. No seamos “agrandados”, en otras palabras, mejor seamos como niños.


En fin, termino este artículo poniendo un retrato mío para que puedan ver que yo soy el más bonito, y esto lo digo humildemente…, ¡es que soy tan humiiiilde…!



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