viernes, 17 de julio de 2009

La confianza en las obras



SERIE. LOS ATAJOS HACIA EL CIELO


Tema: La confianza en las obras


Es curioso encontrar personas que, profesando ser evangélicos, actúan como católicos practicantes en su manera de vivir el cristianismo, refiriéndonos con ello al hecho de depositar su confianza en sus propios méritos, en desmedro de los méritos únicos e imperecederos de nuestro Señor Jesucristo. Y lo hacen pretendiendo haber logrado dichos méritos propios en base a obras o acciones realizadas por ellos mismos.


Aún en la práctica de la oración vemos reflejada esta manera o filosofía de pensamiento tan extraña a la Palabra de Dios, cuando oímos a hermanos que reclaman a Dios “cosas” a cambio de “algo” que ellos pueden realizar o que han realizado ya con la intención de ser oídos y respondidos por Dios.


¿ No será esta “la versión evangélica” de las “mandas”…?


A veces nos olvidamos que, sea lo que fuere lo que hayamos realizado, la Palabra de Dios nos apunta al corazón con lo siguiente: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. Lucas 17:10”
Esta porción de la Escritura mata de raíz cualquier intento de apelar a “cosas” o “acciones” realizadas como caballito de batalla para obtener algo a cambio.


También, cuando escuchamos a pretendidos hermanos decir: “yo hice esto o aquello…”, deducimos que indirectamente se aferran a que les reconozcan sus propios méritos, ignorando que la Palabra de Dios nos condena al respecto, diciendo: “Alábete el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos. Proverbios 27:2”


Esto es como el que lleva el regalo a un festejado y después se pone a decir a todo el mundo lo que hizo, dando detalles del obsequio, su valor, y otras señales para que todo el mundo se entere. ¿ Acaso no le sobrarán deseos al festejado de ir a tirarle el dichoso “regalito” al amigo por la cabeza…?


Por otro lado, Dios , cuando da algo, dice la Escritura: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Santiago 1:5”


Esto nos enseña dos cosas:


  1. Primero, Dios nos otorga las capacidades en forma abundante, de modo de hacer o realizar algo de lo cual antes no éramos capaces, por lo tanto, los méritos son exclusivamente suyos, y no nuestros.

  2. Segundo, Él no es igual a nosotros, no anda por ahí reprochándonos el habernos provisto de las capacidades creativas propias de Su naturaleza, por el contrario, es nuestro deber el reconocerle a Él como el autor de toda Gracia y Sabiduría en nosotros.


De modo que, ante tan contundentes palabras, ya no nos queda por alegar mérito alguno de nuestra parte.


El tomar referencia a las cosas que realizamos, sean éstas ganar almas (Gran Comisión), enseñar, pastorear, aconsejar, redargüir, o cualquier otra cosa con el fin de representar ante Dios o los hombres algún mérito o capacidad de nuestra parte, no hace más que hablar mal de nuestra fé, de nuestra doctrina, y de nuestra calidad de cristianos.


Exceptuamos, lógicamente, de este concepto al cristiano cuando seriamente debe dar cuenta ante sus superiores, o ante terceros, o ante la congregación de hechos puntuales que se le hayan encomendado y que deban ser conocidos para Glorificar a Dios por medio de ellos, o para ver el desarrollo de la marcha de la Obra del Señor. (No la nuestra…)


Existe un solo lugar y ocasión donde los méritos de cada creyente, si realmente los hubiere, serán reconocidos, o reprendida la falta de éstos. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 2 Corintios 5:10”


Obviamente este juicio a los miembros de Cristo, no se basará en el testimonio de nuestra propia lengua, sino en el testimonio de Aquel que nos conoce de verdad: “…y todas las Iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón, y os daré a cada uno según vuestras obras. Apocalipsis 2:23”

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