miércoles, 15 de julio de 2009

LA PROBIDAD CRISTIANA



LA PROBIDAD Y LA ACTITUD NECESARIA PARA ENFRENTAR LA CORRUPCION.

Noticias corren de aquí pàra allá acerca de la corrupción en diferentes lugares. La mayoría de ellas las endilgamos al poder político, y, por ello, las creemos alejadas y ajenas a nosotros. Sin embargo, la Palabra de Dios nos advierte mucho más de lo que creemos acerca de ello. Palabras de alcances tales como: Cohecho, prevaricación, impiedad, indolencia, tibieza, necedad, negligencia, y otras muchas, van generalmente rodeadas con un halo de corrupción ética y moral de los creyentes ante Dios y el prójimo.Tal vez más de alguno de nosotros se haya visto reprendido en incontables ocasiones por el espíritu de Dios ante tales actitudes salidas de nuestros propios corazones. No es de extrañarse esto, pues, si somos honestos con nosotros mismos hemos de saber de nuestra condición humana pecaminosa. No es ajeno a nosotros, los cristianos, que es sólo por los méritos de la Preciosa Sangre de Cristo que somos contados como justos, sin serlo.
Es de una tremenda inmadurez cristiana pretender "ser" santo, sin serlo. Ni "ser contado" por justo, sin tener conciencia de que no lo somos en realidad.Estas cosas son atributos de nuestro Señor Jesucristo que son atribuídos, a su vez por Él mism o, a todo aquel que le recibe como su Señor y Salvador, siendo así literalmente "limpiado" de sus pasados pecados, pero que, a la vez, debe cuidarse de no volver a caer en ellos nuevamente en su diario andar, lo cual es muy fácil de que acontezca si nos dejamos engañar por nuestro propio corazón pecaminoso.La herramienta para que esto no suceda es "permanecer en Él", para que "Él permanezca en nosotros".
Cada vez que el hombre se vá desentendiendo del Señor y de su voz, y se deja guiar por su propio corazón envanecido su vida desciende a la corrupción más baja poco a poco. El que no mentía, comienza a decir "mentirillas blancas e inocentes", el que no robaba, comienza a callar cuando le dan vuelto demás por error en el almacén (...y, lo peor, lo atribuye a una bendición de Dios...), el que debe dar testimonio, favorece a algún cercano por diversas razones (por amistad, por conveniencia, por cercanía parental, a cambio de algún favor...), y cuántas otras cosas del diario vivir que el día de mañana darán testimonio contra nuestras vidas si no son corregidas a tiempo.Si somos conscientes de todo esto, veremos que la corrupción no está solamente adscrita al mundo político, sino que está más cercana a nosotros y a nuestro diario vivir de lo que realmente nos damos cuenta. Cada vez que intentamos, por lo tanto, de juzgar a una persona ajena, debemos aplicar la norma de "el juzgar a los demás", Mateo 7:1-5, tal vez nos llevemos una ingrata sorpresa con nosotros mismos, lo que, a su vez, puede resultar en una oportunidad de restauración y edificación para nuestras propias vidas
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