miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA SILLA DE LOS ESCARNECEDORES



© Pedro Jaramillo, Ministerios Renacer. 2010.


Salmo 1:1: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”.

- ¡Sírvanle choclo a Luchito…!-, exclamaba a voz en cuello José, mientras los sentados a la mesa reían de buena gana al ver al acongojado Luchito tratando de aparentar que no pasaba nada. Con una tímida sonrisa trataba de tapar los huecos oscuros donde tiempo atrás seguramente estaban sus dientes delanteros. Como una manera de hacer la vista gorda él también reía por fuera, mientras su corazón herido se revolvía dentro de su pecho por la vergüenza.

Se sentía traicionado por aquellos que decían apreciarlo, y ello le causaba una profunda tristeza, quitándole también la paz interior, mientras con la sonrisa muy apretada luchaba por no descubrir su ruinosa dentadura.

En el libro de los Proverbios hay un verso que dice: “Hay hombres cuyas palabras son co9mo golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina”, Prov. 12: 18.

El sentido común nos señala que no es bueno burlarse de las debilidades y defectos de los demás, si esto es asçi en la sociedad, ¡Con cuánta mayor razón de nuestros hermanos en la fé que, como nosotros, fueron lavados y perdonados por la Sangre preciosa de Cristo, ya que, así como nosotros creemos serlo, ellos también son Templos vivientes del Espíritu Santo.

La burla es una de las más crueles facetas del menosprecio, sea frontal o solapado.

De ello nos amonestan las voces de 42 jóvenes burlescos quienes, en 2 Reyes 2:23, 24, sabiendo que Eliseo quedó junto al Jordán mientras Elías era subido al cielo en un carro de fuego, hacían burla de él gritándole que tratara de subir también. Lo que es peor, para hacerle sentir más empequeñecido aún, hacían referencia a su calvicie, gritándole: ¡Calvo, sube…!

Esto aún hoy se oye en muchos cristianos, en moderna fonética a lo chileno gritándose el uno al otro: ¡Pelao…!.

Tal vez no desciendan dos osos del monte hoy, pero nuestra desconsideración sí puede alejar a Dios de nuestras vidas, puesto que El mora en las vidas de todos sus hijos, inclusive en aquellos que menospreciamos. Al respecto, en Proverbios 3:34, dice: “Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, y a los humildes dará gracia”.

A propósito de lo mismo, el hermano Luchito, tras un tiempo de esta situación, nos confiesa: “Bueno, hermanos, cuando yo fui más joven, encontré irresistible burlarme de otro hermano muy humilde, el cual nunca dijo nada, pero que tenía sus dientes como yo ahora, al que le gritábamos con sorna: ¡Mascarrieles…!. Ahora yo puedo entender lo que él sentía en su corazón, y en verdad me arrepiento”.

¿Será que de nuestros propios labios salen aquellos dos temibles osos que, cuando menos los esperamos se vuelven contra nosotros mismos destrozándonos el corazón…?

Si es así, entonces cuán certera es la Palabra de Dios al señalar: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”, Salmo 1:1.

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