miércoles, 8 de septiembre de 2010

LOS FRUTOS DEL ESPIRITU SU CALIDAD Y CANTIDAD.



© Pedro Jaramillo, Ministerios Renacer. 2010.

Una de las primeras enseñanzas que recibí de parte de mi hermano Guía de local, allá por el año 1985 en la ciudad de Taltal, Chile, fue acerca de los frutos del Espíritu, tema que me dejó soñando despierto con predicaciones llenas de poder ante multitudes. Tanto fue que, fruto de mi costumbre de dibujar, tracé un bosquejo de un arbolito con nueve frutos con sus respectivos nombres de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.

En esos años nuestro Guía, el hermano Tito Cortéz, nos realizaba estudios bíblicos cada miércoles, por lo que nuestros pensamientos, cero televisión de por medio, circulaban todos alrededor de la Palabra de Dios.

No fue sino hasta algunos años después que el Señor me hizo caer en la cuenta de la profundidad de este pasaje bíblico de Gal. 5:22, 23 “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.

Es que generalmente somos rápidos para leer las Escrituras. Es como ser rápidos para comer, perdiéndonos la grata sensación de degustar con nuestro paladar lo que ingerimos, pasando así por alto el ejercitar uno de nuestros sentidos más preciados como lo es el gusto.

Pero el fruto del Espíritu es…

Para comprender este tema claramente, vayamos a la degustación de un fruto propiamente tal como la vapuleada manzana, a la cual se acusa ignominiosamente, sin base alguna por lo demás, de ser la causante de la caída del hombre.

Imaginémonos una manzana del tipo Richards, grande (de exportación preferentemente), y seccionémosla por la mitad. Apreciaremos entonces en ella el tallo que generalmente trae en su base, luego la cáscara que la recubre exteriormente, la pulpa, el dulce líquido que desprende al oprimirla un poco, sus semillas, el envoltorio de las mismas, en fin…

Luego propongámonos tomar una de estas semillas, ¿vamos siguiendo los pasos imaginariamente, al menos? , a continuación comamos una de estas semillas, luego contestemos la siguiente pregunta: ¿Considera usted que ha comido un fruto, en este caso, una manzana…?

Vuelva a repetir el mismo ejercicio, esta vez con solamente la cáscara externa, luego con el dulce líquido, y así, cada componente por separado, haciéndose la misma pregunta.

Obviamente, a todas las ocasiones su respuesta habrá sido un rotundo: No.

La razón es muy sencilla, usted no está degustando un fruto, sino los componentes de un fruto, cada uno por separado, pero juntos todos ellos sí forman el verdadero fruto.

Así es, amado en Cristo, usted se ha dado cuenta de que el versículo bíblico a que hacemos alusión en ninguna parte dice que son NUEVE FRUTOS, sino que señala diciendo: “Mas el fruto…”, totalmente en singular. El amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la templanza no son sino componentes de un solo, único y mismo fruto.

Por tanto, si yo señalo tener gozo, pero carezco de mansedumbre, entonces el fruto no es bueno en mí. En otras palabras alguien diría que está en presencia de un fruto pasmado, o defectuoso.

No puede existir una buena fruta que solo tenga cáscara. Ni otra que solo posea pulpa, pero sin el dulce jugo que la empapa.

Tampoco pueden haber cristianos que anden por la vida proclamando que poseen “un fruto” del Espíritu al menos, siendo que no tienen lo que el Señor pide de ese fruto.

Asimismo, cuando nosotros vamos al supermercado a comprar nuestros alimentos, siempre escogeremos aquellos más hermosos, maduros y agradables. ¿Acaso no pensamos que Dios espera encontrar lo mismo en nosotros…?

Hermanos amados, esforcémonos por tratar de cultivar el fruto del Espíritu en nuestras vidas, buscando las cosas espirituales en sincera adoración y oración. Ejercitándonos en ayuno y oración regularmente para que Dios, que es quien seguramente el que da el correcto crecimiento, nos lleve a mostrar un fruto espiritual agradable en Su Presencia, y no un pasmado fruto silvestre que ha crecido en un desierto carente de aguas y cuidado, infestado de hongos y, por lo tanto no es saludable ni grato degustarlo.

Bueno, desde aquella ocasión en que lo comprendí por la gracia del Señor, este tema me ha tocado exponerlo en varios lugares en forma de predicación, pues ha sido de bendición para mi vida, y no dudo, para otros hermanos también. En esta ocasión al menos, espero que sea de bendición para su vida.,

Bendiciones.

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