sábado, 23 de octubre de 2010

CUANDO NUESTRA DESNUDEZ HA SIDO CUBIERTA POR DIOS.



CUANDO NUESTRA DESNUDEZ HA SIDO CUBIERTA POR DIOS.
© Pedro Jaramillo, Ministerios Renacer. 2010.

En ocasiones cuando vamos por la calle y observamos a un infaltable mendigo harapiento, acude a nosotros ese sentimiento de conmiseración al contemplar tanta desgracia sobre un ser humano.

El no tener, ni poseer nada, ni aún una vestimenta limpia para cubrirse denotan lo desposeída que puede llegar a ser una persona..

No debe escapar a nuestros sentidos de que comparativamente hablando, esta es la misma condición de muchos que vagan en pecado, lejos de Dios, habiendo recibido antes la gracia de nuestro Señor Jesucristo, acerca de lo cual, el mismo Señor hace referencia clara en, Ap. 3:17 “Tú dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad. Pero no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo”.

De hecho, yo mismo puedo llegar a ser a la vista un cristiano bien vestido, con una apariencia de caballero, pero si mi alma está desvalida, desnuda, famélica, yo soy el más miserable de los hombres.

¿Será posible hallar entre el pueblo de Dios a personas en esta condición de vida?

En realidad hay muchos. El evangelio hoy en día se ha convertido en una religión más para muchas personas. Esto gracias a las tantas estrategias del maligno por desvirtuar la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Hoy existen Seminarios, Institutos, personas que se atribuyen títulos rimbombantes para sobresalir de los ya conocidos como pastores u obispos, y que enseñan “nuevas verdades” por medio de un evangelio aguado con recetas a gusto del cliente, como enseña la economía de mercadeo, a fin de llenar edificios hechos por la mano del hombre, pero en los cuales no habita Dios.

Van por la vida de hoy hombres insensatos enseñando vanidades, engañando y siendo engañados, pues no saben que son meramente instrumentos de un enemigo del evangelio en las sombras que luego los desechará y martirizará en persona.

Enseñan estos a otros a “vestirse” con ropajes de religión, de satisfacción religiosa, de emocionalidad momentánea, cubriéndolos para ello con vestiduras correctas y atuendos de acuerdo a la formalidad del mundo para demostrar que no les falta nada en apariencias.

Esto no puede ocultar, en verdad, la condición interna de cada criatura delante de Dios. No existe nada en el mundo, ni fuera de él que pueda otorgar la paz, la sanidad del alma y la reconciliación verdadera con Dios Todopoderoso sin pasar por la cruz.

Ciertas y seguras, suenan las palabras, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”, Gal. 6:7, 8 .

De manera que podemos aseverar, con toda propiedad, que solamente aquellos que buscan verdaderamente a Dios en Espíritu y en verdad, podrán gozar del cambio interno que el mismo Espíritu opera en el corazón de la persona, trayendo al tal a una nueva dimensión de vida en Cristo, no solamente enseñada por hombres, sino escrita por el mismo Señor Dios todopoderoso en el corazón de cada criatura que le busca, reconciliando así su alma a la medida de Dios en Cristo el Señor.

Es allí cuando el hombre es despojado de sus harapos y vestido con ropas de gala por el mismo Dios. Es allí cuando el hombre puede verse a sí mismo cubierto por la gracia de Dios en Cristo, y no meramente por ropajes de religión humana que no pueden cubrir las verdaderas necesidades del alma humana.

Atendiendo al llamado de Dios que señala, “¡Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos», dice Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”, Isa 55:6- 9 , podremos discernir cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, y así mantenernos en el camino del evangelio, pero vestidos de Dios, desechando los ropajes de la religiosidad que tanto le agrada al mundo, y que tanto defendieron los fariseos ante la predicación de nuestro Señor Jesucristo.

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