sábado, 23 de octubre de 2010

EL SILBO APACIBLE Y DELICADO DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS.


EL SILBO APACIBLE Y DELICADO DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS.
© Pedro Jaramillo, Ministerios Renacer. 2010.

- “tenme brillando, Señor, Tenme brillando por ti. Puro y limpio seré si Tú vives en mí…!”-, resuenan aún en mi corazón las voces de Tito, Ruth, Abraham, Pablo. Hijos de mi amado hermano Tito en aquel local de la Iglesia de Taltal donde conocí esta salvación gloriosa de la mano de mi Señor Jesús.

Corría el final del año 1984 y, solo con un par de meses en el evangelio mi alma se edificaba cada vez que estos niños (ahora ya adultos), cantaban con tanta alegría e inocencia a nuestro Señor Jesús.

Mientras recordaba estas cosas, vino a mi mente también aquel día en que estábamos realizando el Culto Familiar en casa de mi hermano Tito Cortéz, como era costumbre. Fue un día inolvidable en mi vida, al cual me lleva de regreso el eco de las voces de aquellos niños cantando en la Escuela Dominical, en los cultos familiares y en las oportunidades de acción de gracias.

Después de leer la Palabra de Dios cada uno de los presentes, un versículo bíblico por persona, nuestro hermano Tito hizo una exhortación del tema en la mesa y comenzamos a cantar unos coritos. Repentinamente y sin saber a ciencia cierta cómo, nos vimos todos en silencio. Nadie quería moverse, ni siquiera pestañear. Hasta que mi hermano Tito, que siempre explotaba en un llanto como de niño chico desamparado, rompió el silencio. Luego todos y cada uno de los presentes, niños incluidos, nos unimos en un coro de llantos y alabanzas al Señor.

Claro. Mientras sucedía aquello, el señor me llevó al momento en que Elías estaba en aquella cueva del monte Horeb, 1Re. 19:12 “Tras el terremoto hubo un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego se escuchó un silbo apacible y delicado”.

La dulzura, la paz, ese silbo apacible lo sentimos aquel día. Era la sensación de que el Señor nos arrullaba a cada uno en particular en sus brazos mientras nos dejábamos llevar con los ojos abiertos y llenos de lágrimas de regocijo y gozo, pero a la vez sin querer ni siquiera movernos para no romper ese momento.

¡Ah…, qué trascendencia tuvo el momento aquel…! Tanto que aún hoy, pasados los años, solo invocar el recuerdo de aquello trae a mi corazón la importancia de mi pobre alma para el Señor Dios Todopoderoso que puede llegar a demostrarnos su amor de una manera tan incomparable.

Aún al escribir estas líneas, evocando el recuerdo que vive aún, resuenan las voces de niños cantando:
“Tenme brillando, Señor, tenme brillando por Ti.
Puro y limpio seré si Tú vives en mí.
Tenme brillando, Señor, tenme brillando por Ti,
hasta que vuelvas pronto con poder.
¡ Oh, llévame a la Roca más alta, Señor,
llévame, Señor, yo te seguiré!.
¡ Oh, llévame a la Roca más alta, Señor.
Sólo en Ti refugio tendré...”

Los comentarios después de aquel culto familiar nos confirmaron lo que ya sabíamos. Todos y cada uno de los presentes tuvimos la misma experiencia a la vez.

En un mundo que cada día se ha ido impregnando de secularismo, costumbres traídas desde el mundo a la Iglesia, ya no hay espacio para estas cosas al parecer, sino solo para el activismo que ha reemplazado al vivir en el Espíritu. Y claro, la televisión también hace su parte. Muchas hermanas pierden su tiempo viendo telenovelas cargadas de las obras de la carne en sus más oscuras facetas, además de brujería, esoterismo, adivinación y tantas cosas abominables a Dios. Los hombres y los jóvenes también. Viven cargando sus corazones de erotismo, palabras sucias de doble sentido y promiscuidad. Maldiciones, violencia, violaciones, asesinatos, traiciones, mentiras. Luego muchos de ellos se suben a los púlpitos a predicar y exhortar a otros, Palabra de Dios en mano, pero sin poder alguno en sus corazones vacíos.

Sin nada de sabiduría, ni crítica personal, después los mismos se preguntan: “Señor, ¿Porqué el evangelio ya no es como antes…?.

En fin, Dios tenga misericordia de mí, para tratar de vivir el Evangelio conforme el Señor lo quiere…, y no conformarme a las cosas de este mundo que se han apoderado de gran parte de la Iglesia.

“Tenme brillando, Señor, tenme brillando por Ti…”

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenidos a Ministerios Renacer, agraderemos sus comentarios.