LA PREEMINENCIA DE LA PALABRA DE DIOS
QUE DICE EL AT ACERCA DE LA
PREEMINENCIA DE LA PALABRA DE DIOS
Deu
6:6-9: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu
corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando
en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te
levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como
frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa,
y en tus puertas”.
En
los días actuales en que la Palabra de Dios frecuentemente es
mencionada más como un argumento intelectual que una vivencia
personal y viva, y que además, este argumento intelectual es
trasvasijado de boca en boca más que por una diligente investigación
fruto de la lectura y el estudio devocional, que es lo que Dios
desea, es primordial preguntarse porqué el pueblo de Dios, el cual
vive en medio de una sociedad altamente informada, educada y con
todos los medios tecnológicos a su alcance, no es un pueblo
informado acerca de la Voluntad de Dios expresada en Su Palabra.
Muchos de los
devocionales de hoy no son más que teorías, pues dedicamos todo
nuestro tiempo al ocio y la distracción, en lugar de hacer un
espacio para compartir y hablar de la Palabra de Dios.
Parece
una paradoja, pero mucho pueblo evangélico o protestante vive más
bien lejos de Dios que cerca de Él, debido precisamente a la
ignorancia de Dios mismo producto de ser un pueblo analfabeto
respecto a la Palabra de Dios.
Mirando
el problema bien de cerca, muchos son los hermanos y hermanas que ni
siquiera se molestan en abrir la Biblia en sus hogares, salvo el día
que asisten al culto, para dar lectura al mensaje de la Palabra o
sermón de ese día. Puede ser que en sus casas la Biblia esté a la
vista sobre un mueble. Abierta en el Salmo 91 precisamente para
“invocar” de esa manera, la protección divina en el hogar, lo
que nos indica hasta dónde ha sido permeada la Iglesia con las
costumbres paganas, a semejanza de la cinta roja o la herradura tras
la puerta, pues el propósito de Dios es que, producto de la
constante lectura, mención y conversación acerca de la Palabra de
Dios, ésta haga vida en el corazón del cristiano para renuevo y
santificación de vida diaria y personal.
Hoy
es más costumbre entre las mujeres cristianas hablar acerca del
desarrollo de las telenovelas, con su diaria cuota de odio, falsedad,
mentiras, adulterio, fornicación, lascivia, rencores, brujerías,
parapsicología, hechicerías y venganzas; de las actividades de
personajillos de la farándula acerca de cómo entregan sus vidas a
la perdición, vida llena de vicios, borracheras, peleas, envidias y
detracciones; o películas de terror llenas de deseos destructivos,
vampirismo, hechicería, sexo explícito, sodomía, deseos
desordenados; y tanta maldad que se toma como un alimento para el
alma en sustituto de la bendita Palabra del Señor.
Entre
los hombres cristianos inclusive es tema conversar acerca de series y
películas cargadas de erotismo, de programas radiales dirigidos por
viles y depravados hombres que ofrecen abyectas historias de sexo y
adulterio contadas de boca de “supuestos confidentes” para ganar
audiencia, apelando al morbo de las personas, entre ellos muchos
“cristianos”, para luego estos mismos predicar de la Palabra de
Dios ante testigos que se ríen de ellos, porque no están ciegos
como para no ver sus dobles vidas. Es que el mundo tiene ansiedad de
cambio en sus almas, no de convertirse en un hipócrita más de lo
que ya son, aunque en ignorancia.
Producto
de ello también, muchos “cristianos” ya han dejado la costumbre
de leer y escudriñar las Sagradas Escrituras, porque ese temor
culpable a causa de una vida impía, les aleja cada día más del
Señor, y solo asisten a las Iglesias para acallar sus conciencias y
convencerse a sí mismos que Dios, lleno de amor y misericordia, les
dará la pasada.
Claro.
Además gran parte de ellos se ha transformado en fieles seguidores
de falsos pastores o ministros de radio y televisión que solo les
predican cosas vanales y bonitas, pero nunca les reprenden, aconsejan
y orientan cuando hacen lo malo, como lo hace ese “anticuado”
pastor de su congregación, ese hombre que a sus ojos no tiene
sabiduría como aquellos “ungidos” a los cuales se han
acostumbrado a oír. Menos se toman la molestia de recurrir a sus
Biblias. Total, lo que están escuchando también es la Palabra de
Dios, y, al contrario irracionalmente a los de Berea, creen a pié
juntillas todo lo que oyen, total, “el ministro” que está
predicando es un “apóstol” al cual encantado le cede dinero para
su gran ministerio, pero en su Iglesia local no aportan con nada,
olvidando que hay muchos pobres verdaderos, necesitados, y cuentas
que pagar en su propia congregación.
LA
MENCION DE DIOS SE HA TRANSFORMADO EN UN MERO FORMALISMO PARA MUCHOS
Isa
29:13 Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con
su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de
mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que
les ha sido enseñado.
Así
pues, tal como cualquier carismático católico, la mención de Dios
se ha vuelto para ellos un mero y formal conocimiento y no una nueva
vida en Cristo. Al igual que aquellos, puede llegar a dormir con una
prostituta si puede, y su dormida conciencia le dirá que Dios le
comprende, pues también tiene “necesidades”. Nunca se dará
cuenta de que “esa conciencia” ya ha muerto para una vida en Dios
y está siendo manipulada por otras voces ajenas y macabras. Al igual
que aquellos, cantará coritos, himnos y alabanzas, verá llorar a
otro y él también se emocionará para decir más tarde que “sintió”
la presencia del Señor, y, por lo tanto, su “vida espiritual”
está fenomenal.
Muchos
otros se dedicarán a “contar historias” por medio de textos o
diapositivas Powerpoint, refiriéndose a Dios, pero no mencionando Su
Palabra en cuanto a santidad, vida de oración, devoción al Señor,
sino mas que aguadas invenciones religiosas “bonitas”, pero sin
ningún contenido ni influencia en las vidas de nadie.
Suenan tan aburridos esos cristianos
que gustan de sentarse a hablar de la Biblia, de testimonios acerca
de vidas cambiadas y transformadas por el poder de Dios. Pero
volvamos al texto bíblico del comienzo y tratemos de ver cuál era
el propósito de Dios en él.
Dios quería un pensamiento
colectivo distinto a los pueblos paganos circundantes
Con el propósito de proteger la
santidad devocional de su pueblo y alejarle de las costumbres
idolátricas de aquellos que rendían culto a estatuas e imágenes,
poniendo su vista en las criaturas y cosas mas no en el Dios Creador.
Sal
115:4-8: “Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de
hombres. Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; Orejas
tienen, mas no oyen; Tienen narices, mas no huelen;
Manos
tienen, mas no palpan; Tienen pies, mas no andan; No hablan con su
garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, Y cualquiera que
confía en ellos”.
A fin de proteger la educación
religiosa de los hijos y que supieran desde la misma niñez a quién
era el Dios verdadero que adoraban y servían. De este modo guardar
sus vidas de apartarse a costumbres y prácticas de las naciones
vecinas y esperar de Dios sus bendiciones a causa de su vida de
fidelidad a Él.
Gén
18:19: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después
de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio,
para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de
él”.
Con la finalidad de aplicar la
justicia conforme a los cánones divinos, a fin de mostrar a las
naciones la justicia por medio de su pueblo.
Sal
1:5, 6: “Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni
los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová
conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá”.
Dios buscaba una cultura teocrática
en Israel a fin de gloriarse en un pueblo especial
Al revelarse Dios a Israel, buscaba
volver el corazón de ellos a Dios mismo y cumplir en ellos las
promesas de bendición otorgadas a los patriarcas, especialmente a
Abraham. El Señor buscaba un pueblo que se alegrara en servirle y
obedecerle de todo corazón.
Deu
26:11: “Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te
haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero
que está en medio de ti”.
Con su divina provisión y maravillas,
fruto de la obediencia de su pueblo, buscaba Dios que el hombre
entendiera que debía supeditar en plena confianza, la voluntad
propia a la voluntad divina, porque Él es quien verdaderamente
conoce lo que le conviene a sus hijos, pues vé más allá de lo que
ven nuestros limitados sentidos.
Sal
131:2,3: “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma
Como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi
alma. Espera, oh Israel, en Jehová, Desde ahora y para siempre”.
En síntesis, Dios buscaba crear un
pueblo apartado para Dios
A fin de ser un pueblo santificado y
apartado en el cual el Señor pudiera manifestarse y bendecir, ya que
a causa del pecado e idolatría y costumbres abominables paganas Él
no se manifestaba al resto del mundo, salvo en casos muy especiales,
como el de Job, un Idumeo y sus amigos, quienes temían a Jehová.
Deu
4:20: “Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno
de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como
en este día”.
Dios deseaba mostrar a un pueblo que
fuera un ejemplo para los demás pueblos y naciones, a fin de que
ellos se acercaran también a Dios, por medio de una nación de gente
santa que les enseñara cómo volverse a Dios.
Gén
18:17, 18: “Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a
hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y
habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?”.
Dios quería mostrarse en sus vidas,
para regocijarse en un pueblo que le honrara de todo corazón, y que
le conociera de verdad.
Sof
3:17 : “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se
gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre
ti con cánticos”.
Sin ánimo de crear un estudio, sino
una simple perspectiva acerca de qué es lo que debiera ser un pueblo
apartado para Dios, debemos caer en la cuenta de que si no somos
capaces de servir con agrado, integridad, devoción, temor y voluntad
a nuestro Dios, es por demás que perdemos el tiempo, pues si no nos
arrepentimos, nos perderemos junto con las naciones que le han
rechazado.
Para ello es necesario buscar a Dios
con urgencia. Es necesario dejar de lado el mundo y lo que en él
está. Es necesario avocarnos a oír, leyendo, de primera mano lo que
es la voluntad de Dios para nuestras vidas, volviendo a la Biblia. Es
necesario levantarnos y ser luz verdadera para nuestros amigos,
vecinos, colegas, compañeros de estudio o trabajo, sacando nuestras
lámparas de debajo de aquel almud vacío, que debiendo estar lleno
de trigo, y al que hemos puesto boca abajo para encubrir la luz y así
no caerles mal a nuestros cercanos, en lugar de manifestarles a Dios
para salvación.
Es necesario un cambio y que en los foros y muros
se lea el llamado a servir a Dios y buscarle, en lugar de palabras
“semisucias”, por así decirlo, y otras descaradamente groseras, que no son más que abominaciones
transmitidas por códigos o palabras que los demás apenas
comprendan, como es el caso de muchos jóvenes cristianos de hoy, “hijos
de la promesa” (entiéndase, hijos de cristianos que asisten a las
congregaciones y que tocan en el coro, generalmente), como si Dios no
escudriñase las intenciones del corazón. En lugar de hablar de Dios, y de su temor a él, muchos jóvenes hoy hablan destempladamente de cómo lo han pasado en las fiestas y cuántos tragos se tomaron para después ir a cantar emocionadísimos al coro de su congregación.
Es necesario volver a tornar las
conversaciones privadas y públicas del mismo tenor: Cuyo centro sea
Jesucristo, su Palabra, su vida, su obra, sus beneficios a nuestro
favor, su grandeza manifestada en nuestras almas salvadas, su
bendición de cada día supliendo nuestras carencias y necesidades. Esto,
tanto a hombres en el trabajo y en la sociedad, como a mujeres que
tras cuatro paredes pierden el tiempo tras las viandas extrañas que
ofrece la televisión. Todo es lícito, pero no todo conviene.
Es necesario mostrarse como un pueblo
santo, apartado para Dios y por Dios, negándonos a agradar al mundo
y su concupiscencia, a fin de agradar a Aquel que nos llamó de las
tinieblas a su luz admirable.
Dios les bendiga abundantemente,
Elidio, Ministerios
Renacer, 2011.

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