sábado, 17 de marzo de 2012

LA VANALIDAD Y LA EROTIZACION EN EL VESTIR Y EN EL VIVIR

¿Existen las diferencias entre la Iglesia y el mundo...?


1Ti 2:9 Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos.


Una de las cosas características del mundo es el uso y explotación del cuerpo y la desnudez humana, especialmente en la mujer a quien se le explota sobremanera. Y esto resulta tan paradójico en una sociedad que dice defender y reivindicar los derechos femeninos para caer en lo mismo que señalan defender. En el hombre también se manifiesta esta inclinación, pero más inclinada al hedonismo y el culto a la apariencia física musculosa.

Lo contraproducente de esta conducta se refleja en la calle, en las oficinas, en la sociedad entera, incluyendo, lamentablemente a gran parte de la Iglesia, la que se ha visto hoy en día permeada de lado a lado por las cosas de esta vida.

¿Quién se imagina a una hermana de los años del avivamiento Pentecostal con unos incrustados jeans y una blusa transparente apareciéndose por el culto?

Porque el asunto no se trata de modas, sino de seriedad y temor en la casa del Señor. Señalo esto porque algunas personas actúan más como si avisaran que están en celo por su manera de vestir. Y aunque parecieran palabras duras y sin amor, son todo lo contrario. Y es que, por un fingido “amor a las almas”, muy reprobable por lo demás, una gran mayoría de predicadores ya no predican sobre este tipo de cosas porque, entre algunas cosillas, no quieren caerle mal a nadie, y han sacrificado la verdad por amor a sí mismos y a estar bien con todos. Esto es como ver que a tu amigo le vá a morder una serpiente, pero decides no advertirle para que no se asuste.

¿ O con una minifalda minúscula y unas medias o pantyes que un tiempo atrás sólo se asociaban a una bailarina de cabaret?

Y no es que aboirrezca a una bailarina de cabaret, pues ellas necesitan de nuestro amor si tenemos la oportunidad de hablarles del Señor, sino que ellas lo hacen porque no conocen al Señor, pero se supone que muchas cristianas que profesan serlo sí le conocen, y, por lo tanto, debieran vestirse con modestia, como señala la Palabra del Señor. “...” Hacer lo contrario sería como hacer una apología a aquello que el Señor condena. Los hombres no escapan a esto. Hay cuarentones que quieren pasar por lolos con su manera de vestirse. Sé de algunos que se han puesto calcetines en la entrepierna para abultarse, como tienen el corazón abultado de lascivia, y usan jeans apretados y abombillados como lolos de quince años.

¿O un escote digno de los records Guinnes?

Tampoco se trata aquí de convertirse en un hipócrita Ayatolá, pero ¿a quién quiere mostrarle su intimidad una mujer casada...? Si es a su marido, el camino está errado, porque obviamente la estará observando todo el mundo.

Otras, con largas faldas y con un tajo a la cadera, escuchan, aparentemente despreocupadas, pero con el ojo atento a detectar las furtivas miradas que algún hermanito le dirige en el transcurso del culto (casadas y solteras por igual). Me imagino en el aprieto que pondríamos al susodicho si le preguntáramos de qué se trató el mensaje de la Palabra de Dios, si en lo que menos habrá pensado sería precisamente en el mensaje que sólo fué para él una letanía en ruso. Y no es que los hombres sean unos desdichados e inocentes criaturas llevados al mal por una mujer malvada. Tanto lo uno como lo otro es por la falta de temor y santidad en los corazones de ambos.

Esto es la casi realidad contemporánea.

Claro está, los que menos reclaman son los hombres por una obviedad tremenda en este erotizado mundo, ya que incita el deseo entre menos ropa puesta se vea en la mujer que, por supuesto, se presta para el juego. Lo lamentable es que esta conducta es transversal al interior de muchas congregaciones. Cada vez las vestimentas, en especial de muchas señoritas, es menos recatada y más acorde a lo que se estila en el mundo, y, lo que es peor, los padres no ponen mucho de su parte para hacer valer sus principios y valores con autoridad sobre sus hijos. De hecho, estas señoritas, ya un poco más adultas, se esmeran en preocuparse más de cómo se conduce el mundo, para imitarlo, en lugar de preocuparse de vivir una vida agradable al Señor.

No se trata aquí de una demonización de la vestimenta, sino de sentido común.

¿Cuántos "matrimonios" forzados por las circunstancias se están manifestando al interior de las congregaciones? Los jóvenes ven al alcance de la mano lo que el mundo ofrece. Traído a la misma puerta. Esta erotización en el vestir, unido a las horas que pasamos frente al televisor que nos muestra cómo es que el sexo es como comer pan, no solo en escenas explícitas de sexo, sino en chistes obscenos, y conversaciones de personas televisivas con un lenguaje dirigido a propósito al tema sexual directa o indirectamente. No olvidemos que la televisión forma e influye en las conductas a través de la “realidad” particular que nos propone. Es cosa de ver porqué los Estados se preocupan de tener acceso a ella para, por medio de la misma, influir en nuestros comportamientos, filosofías o creencias. Tanto así que muchos hombres y mujeres “de libre pensamiento” solo repiten como loros lo que la televisión ha puesto en sus mentes con programados esquemas. La mentalidad de los cristianos también ha sido transformada y moldeada a la imagen del mundo por la televisión, aunque muchos pateen la pared señalando que no es así, y que son solo pensamientos de un fanático.

Basta ver cómo muchos elevan a la calidad de gurú a un hombre chapucero que habla en la tele con apoyo de videos de Youtube (no quiero decir el nombre porque no es un ataque personal, sé que él se vende como personaje), formándose el concepto (cual si fuera un “intelectual”) de él, totalmente alejado de la verdad, otorgándole un halo de realidad y validez a las recopilaciones que, obviamente, ni le pertenecen, ni son fruto de su estudio serio y esforzado. No se dan cuenta que él es solo una entretención insípida, menos creíble que el “viejo del saco”, al cual la televisión hace ver como un personaje sumamente “culto”. Este simple ejemplo refleja la influencia real de la televisión en las personas que viven a toda hora disponible del día frente a ella, y piensan que no les afectará las neuronas, si es que corresponde hablar de ellas en plural y no sea una sola sobreviviente que ande por esa cabecita saltando de aquí para allá.

He visto a cristianas exclamar: “¡Mijito rico...!, refiriéndose a un cantante o actor del mundo, igual que cualquier fanática sin Cristo. He estado conversando con algún hermano, y éste se ha vuelto a mirar indiscreta y lascivamente a una provocativa señorita o señora que pasaba, al punto de olvidar de qué estábamos conversando. Y estas son solo algunas cosas de muchas, que se pueden escribir sin caer en lo chabacano.

Ya no son extraños, ni condenables los resultados de pololeos innumerables en el historial de cada joven cristiano o señorita cristiana. Como el chistecito de la señorita cristiana que fué a estudiar a la Universidad y volvió embarazada, a cuyo hijo el padre de ésta le llamaba “el diploma”.

¿Cuántos matrimonios separados por haber puesto la vista en otra persona que se esmeraba por ser atractiva y admirada...? Está claro que la mundanalidad acarrea descuido por la oración y la santidad, volviendo a las corruptas costumbres del mundo el corazón de aquellos que habían sido limpiados y lavados por la Sangre de Cristo, y por la Palabra de nuestro Dios, tornando el corazón corrupto y depravado, y amando así nuevamente la lascivia que el mundo entero proclama por todos los medios de comunicaciones.

¿Cuántos hijos no deseados...? ¿Cuántos "pololeos" (un grado menos que noviazgo), se basan en manoseos eróticos indignos de cristianos, para resultar luego en una falta de respeto absoluta...? La mirada de muchos de nuestros jóvenes, y penosamente debo decir, de adultos también, ya no es una mirada limpia, ni santa, ni mucho menos pura. Es cosa de escuchar sus conversaciones ausentes de cualquier referencia a la Palabra de Dios. Tristemente, también es cosa de leer lo que escriben en sus muros, como cualquier pecador perdido sin Cristo en su vida.

¿Quién nos asegura que una persona que entrega relativamente fácil su cuerpo que debiera ser santo, una vez con una "relación" (llámese concubinato, convivencia, o matrimonio forzado por las circunstancias), no se entregará a otro/a persona con la misma facilidad, amparado en esta relación...? En la experiencia cristiana ya debiéramos saber que todo lo que no está fundamentado en Cristo está destinado al fracaso y a la destrucción. Y en este juego, lamentablemente hay víctimas inocentes, fruto de la irresponsabilidad y falta de temor.

Es lamentable ver cosas así al interior de nuestras congregaciones, pero así está la Iglesia de hoy.

Otras personas se visten formalmente sólo para venir a la Iglesia a congregarse, para luego en sus hogares volver a ponerse el uniforme que el mundo les impone, llenando sus vidas de hipocresía y engañándose a ellos mismos. Padres cristianos, recordemos qué es lo que le sucedió a Elí por ser permisivo con sus hijos, y las trágicas y deshonrosas consecuencias para su descendencia toda. No sea que seamos hallados culpables por arroparnos de tanto humanismo "cristiano" a expensas de la voluntad del Señor expresada no solamente en su Palabra, sino también por el Espíritu Santo de Dios, al cual muchos dicen conocer y obedecer, mintiendo.

© Pedro Elidio Jaramillo, Ministerios Renacer, 2012

TIEMPOS PASADOS FUERON MEJORES

Preparémonos para salir al encuentro del Esposo.


Heb 12:12- 14 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.


A propósito de la predicación del día de ayer en mi congregación, me puse a pensar de porqué el tiempo pasado fué mejor, pero el Señor me recordó que Su Palabra acusa mi falta de sabiduría al pensar así.

La razón es sencilla. Es un reproche a nuestra manera de enfrentar las cosas el día de hoy. Dios es inmutable. Y si nosotros creemos en Él, no debiera haber sombra de variación en nosotros tampoco, ya que Él vive en nuestras vidas, según nosotros mismos hablamos.

El Dios Todopoderoso es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Por lo tanto, si ayer fuimos cristianos fieles y hoy estamos en una situación espiritualmente precaria, tibia, o decididamente fría en relación a nuestra vida espiritual y compromiso con el Señor, es nuestra exclusiva responsabilidad y estamos siendo hallados réprobos delante de Su Presencia.

Por otro lado, para los menos, si ayer no llevaba una vida comprometida, sino que vivía una mera religión a pesar de congregarse en la Iglesia, y hoy ha decidido entregar su vida a Cristo, cansado de la vaciedad religiosa, ha ganado en beneficio propio, y puede decir lo contrario: que está mucho mejor ahora en el Señor que antes sin Él. Lo mismo que un pecador recién convertido de verdad.

Una señal clara de lo trágico de este asunto es que la misma Palabra de Dios señala:

Luc 17:34- 36 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.


Al igual que en la parábola de las diez vírgenes, (Mateo 25: 1- 13), en que cinco entrarán a las Bodas (del Cordero), y cinco se quedarán en las tinieblas de afuera a participar tristemente de los juicios que se avecinan rápidamente a este mundo.

Esto nos pone en alerta que debemos de poner de nuestra disposición, interés, esfuerzo, compromiso, fé y paciencia para estar en comunión y santidad para con el Señor en todo tiempo.

Sin santidad nadie verá al Señor...

En especial los jóvenes, pero también muchos adultos ya, la boca (y la escritura en internet, que sería lo mismo), expresa mucha grosería, palabras solapadamente sucias, expresiones mundanales llenas de carnalidad y lascivia. La santidad es pura retórica. Al igual que cualquier pecador ignorante de Dios, muchos hoy, profesando ser cristianos, ni conocen al Señor. Ni antes de ahora lo han conocido tampoco, de lo contrario sus corazones estarían estremeciéndose por el clamor del Espíritu que hoy llama a la Iglesia a prepararse para la Venida del Señor Jesucristo. Aún la naturaleza misma clama con voces de trompetas anunciando la aparición que, como ladrón en la noche, repentina e inesperadamente, verán solamente quienes escuchen la voz del Esposo.

El hecho es que muchos cristianos han dejado de vivir y practicar la santidad, transformándose en seudocristianos con un carácter pecaminoso y ruin. ¿Qué ha infuído en el pueblo de Dios para llegar a esta condición? Sin duda, la oración y, por medio de ella, la comunión con el Señor. Hemos abierto muchos el corazón al mundo, y, en el proceso, hemos sido arrastrados por él, adoptando sus costumbres y su manera de vivir. En lugar de traer a los pecadores a los pies del Señor Jesucristo, muchos de nosotros hemos caído de rodillas ante el mundo engañoso.

Otra vez vamos a comenzar...

Claro, y aunque parezca pesado, el tema está en porqué sucede esto. ¿Cuánto oramos...? Es la pregunta del millón. Con suerte algunos oran las dos o tres oraciones congregacionales de un minuto durante la realización del servicio, eso, si es que no tienen los ojos clavados en la hermanita centro de mesa vestida a la usanza del último grito de las faranduleras niñas de “calle siete”, o cuanto programa picaresco con escasa ropa y con nombre de “juvenil”, quien también finge orar con la mirada atenta a ver quién no le despega los ojos de encima. Los hermanitos, por otro lado, están más pendientes de si “alguien” notó ya qué clase de perfume se tiró encima para impresionar, o el relojazo que trae puesto, o la pinta de galán que irradia por donde pasa.

Luego, al llegar a casa tras el culto, a rendir pleitesía a la televisión. Renunciando a toda bendición recibida en el culto para cambiarla por los programas faranduleros y eroticones de la noche, cambiando así la gloria de Dios por la basura del mundo, y transformando el corazón cada día más en la mismísima imagen... del mundo. Después nos atrevemos a señalar que el servicio estuvo “frío”, y le echamos la culpa al pobre predicador de turno, en hipócrita expresión, sabiendo que aunque el predicador hubiese sido el mismo Elías Tisbita, aún así habríamos sentido la misma frialdad. Nuestros corazones no están llenos del Espíritu de Dios. Hemos puesto oído a otros espíritus y nos hemos hecho sordos a Aquel que puede cambiar y transformar nuestras vidas con su Poder.

Al acostarnos, nuestra oración no son más que palabras sin sentir, musitadas a la misma velocidad que nos dormimos, agotados de prestar atención a lo que el mundo nos ofrecía hasta que cesaron las transmisiones de la tele.

Ahora, si nos anotamos para la oración del sábado, nos demoramos todo lo posible para en lugar de orar una hora entera, esforzarnos para que sean solamente unos veinte minutos. Por eso llegamos en silencio. Pero en el silencio de ultratumba que reina en la casa de oración, el solo abrir la puerta para entrar es como una estruendosa fanfarria militar en ese lugar donde reina el silencio. Los pocos que llegaron también atrasados solo unos cinco a diez minutos antes están tan concentrados en “orar” que tienen la barbilla mojada y emiten sonidos guturales que algún atrevido y contumaz compararía con ronquidos, así de frentón.

Llegamos al culto de la noche y nos preguntamos “porqué no se siente” la Presencia del Señor en la reunión, como si, en lugar de tener a nuestro Señor Jesucristo en los corazones, como debiera ser, vamos a buscar alguna “emoción”. Tal vez si cantamos hasta el hartazgo un himno, y le damos duro a un mismo corito ene veces alguien llorará..., o bien, si algún hermano o hermana que realmente ha llegado a adorar a Dios con el Señor en sus vidas, expresan con sinceridad y libertad su alabanza y adoración al Altísimo, nos contagia y, para no ser menos, nos emocionamos con una espiritualidad prestada, y al final del culto nos vamos como llegamos. Por supuesto, la emoción del momento no cambia. Es solo eso: emoción. Sensual, de la carne.

Olvidamos que el Salmo señala:

Sal 100:4 Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.

Esto es, con una disposición voluntaria, agradecida y personal de adorar a un Dios Todopoderoso lleno de gracia y misericordia, y de reunirse en comunión expresamente para bendecirle, porque mi espíritu se alegra en ser de Él, y de estar en Él.

¿Qué ha pasado con muchos de nosotros...?

A pesar de que aún nos ufanamos de ser fruto y parte del Avivamiento Pentecostal de 1909, y de recordar a aquellos santos varones y mujeres de Dios de antaño, nos hemos vuelto atrás y nos hemos convertido en aquella misma Iglesia que ellos dejaron para formar parte de una Iglesia espiritual y poderosa en el Espíritu de Dios. Estamos muchos de nosotros estancados. Paralizados. Semejantes a sepulcros blanqueados. Llenos de religión, de conocimiento humano y no bíblico. Contamos testimonios de otros, pues nosotros no tenemos nada que contar..., los muertos no hablan, lógico. Los agonizantes apenas mueven los labios.

Hoy miramos de lejos y tratamos de locos a aquellos que echan mano de la vida eterna en serio. No sea que el Espíritu de Dios los tome y me hable de mi estado espiritual, reprendiendo mi apostasía. ¡No. No me hablen cosas así. Necesito solo palabras halagüeñas...! Por ello, se esfuerzan por huir del Espíritu de Dios (como si eso fuese posible), aún en sus conversaciones, hablando solo de cosas vanales, no sea que alguno se ponga espiritual.

En estas condiciones ya no distinguimos entre lo bueno y lo malo. Entre lo santo y lo profano.

Eze 44:23 Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio.

Como sacerdocio santo, tenemos muchas responsabilidades y obligaciones. Entre ellas la más importante es enseñar la verdad sin acomodos. La Biblia es la Palabra de Dios revelada. Y el propósito de Dios al habérnosla revelado, es que conozcamos sus pensamientos y su voluntad para con nosotros y nuestra manera de vivir. Pero hay una manera correcta de entender las Escrituras, y no solamente leerlas, y es hacerlo en oración, buscando la dirección del Señor y la gracia para entenderla, aplicarla en nuestras vidas y así enseñarla.

El problema es que ya no hay oración...

Sin oración ni espiritualidad verdadera, no hay comprensión ni asimilación de ella.Sin oración no hay comunión. No hay lazos entre la criatura y el Creador, pues ella es la voz del Señor para nosotros.

En estas condiciones, si antes fuimos pecadores y un día nos “convertimos” al Señor, en lo que estamos convertidos ahora es en impíos. Por otro lado, si nuestra “experiencia cristiana” es el haber nacido como hijos de cristianos, entonces somos unos simples y religiosos pecadores, como cualquier idólatra en el mundo, no conocemos al Señor.

Es por eso que buena parte de la Iglesia no tiene poder. Muchos de nosotros, con convicciones humanas atraemos gente a a nuestras congregaciones, pero no podemos transmitirles lo que no tenemos, sino solo religión, haciendo de ellos una copia de nosotros mismos y no personas nacidas de nuevo por el poder del Espíritu Santo en sus vidas.

Es por eso que la Iglesia ha sido infiltrada por el mundo. Hoy es posible hallar cristianos que hablan más de política que de la grandeza del Señor. Y de ciegos fanatismos deportivos antes que cristianos consagrados al Altísimo en espíritu y en verdad. O adoradores de artistas y cantantes arrastrados de vicios, sumidos en las drogas y la vanalidad de este mundo, antes que de un Señor y Salvador como lo es nuestro Señor Jesucristo.

Por eso encontramos retrógados, amargados y fanáticos a nuestros ancianos y hermanos que nos instan a buscar al Señor de verdad, pues estando en la misma Iglesia, vivimos y consagramos al mundo nuestra existencia, contrariamente a lo que el Señor nos manifestara en su Palabra:”...Están en el mundo, pero no son del mundo”. Parafraseando esto último, diríamos:”Están en la Iglesia, pero no pertenecen a ella...”

Lam. 3:40, 41 Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos;


Ose. 14:2 Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios.

© Pedro Elidio Jaramillo, Ministerios Renacer, 2012